martes, 25 de febrero de 2014

APH OC FanFic - Un attimo di pace - Cap. 1: "Encontrarnos"

Título: "Un attimo di pace"
Capítulo: 1 (1/¿7?) - "Encontrarnos"
Género: drama - comedia - historia
Personajes:  APH - Feliciano & Lovino Vargas (Italia del Norte & del Sur) by Himaruya Hidekaz
APH OC - Federico Conte (Argentina) by ByOkinuChan
Clasificación: ATP
Aclaraciones: -El título del fanfic está inspirado en la canción de un músico italiano llamado Eros Ramazzotti, seguramente lo deben conocer xD. 
-Tomen este capítulo más bien como una introducción al fanfic
-Ténganme piedad, es la primera vez que escribo un fanfic y además, uno tan largo.
-Por último, quiero aclarar que este fanfic originalmente fue pensado como manga/doujinshi así que es lógico que al ser escrito algunas ideas no se hayan transmitido tal cual se las pensaba (esto es sólo cuestión de ir mejorando en la escritura creo yo)
Acerca del formato del FanFic: -Cada capítulo va a ir acompañado de una canción que mantiene una conexión con lo que va a suceder en él
-Las referencias con números se encuentran al final de todo el capítulo.

Resumen: La historia se sitúa a fines del Siglo XIX en Argentina durante las olas inmigratorias europeas (principalmente italiana). Este es el primer capítulo en el que los protagonistas, Italia y Argentina se encuentran de una forma muy peculiar.
La idea general del fanfic es retratar y medianamente explicar el porqué de la relación de Argentina e Italia.



~

Fines del siglo XIX. Donde lo que uno sale a buscar no siempre es lo que le espera. Introducción

[…] Fammi respirare solo un attimo di pace 
questo sorso di aria pura finche c'è 
voglio dedicarmi solo 
agli affetti a me più cari 
specialmente se si tratta di te. 
Fammi assaporare questo attimo di pace 
per sentirlo fino in fondo dentro me 
oggi che anche i sogni atterrano 
e chiudono le ali 
perchè il tempo di volare non è 
non è […]


En un pequeño rincón del mundo, hacia el sur, se establecía en forma rápida y dinámica una nueva población. Las idas y venidas en plenas calles porteñas no cesaban y, más aún, aumentaban con el correr del tiempo. El movimiento de esa ciudad en pleno crecimiento iba a acorde a la de su país que daba enormes señales de convertirse en una nación fuerte y prometedora.  
El lugar más dinámico de la ciudad era el puerto, a través del cual arribaban en grandes grupos contingentes en barcos provenientes del otro lado del mundo.  Deseosos de conformar una nueva vida y tal vez, porqué no, aumentar sus ingresos para obtener un mejor status social, la gente que descendía de los barcos veía con buenos ojos aquel pedazo de tierra que estaba comenzando a dar sus primeros pasos como un país hecho y derecho.
Las políticas migratorias* implementadas por el gobierno años anteriores habían dado excelentes resultados pero, eso implicaba trabajo, mucho trabajo, y la nación en pleno crecimiento se veía agobiada por las tantas labores que debían realizar, tanto ella, como su capital Buenos Aires.
Se puede decir que el día estaba soleado, que el movimiento tanto en la ciudad como en el puerto era normal, bueno, lo que era normal para esa época.  Se trataba de uno de esos días que, básicamente, para un país en crecimiento era perfectamente normal. Él era un país joven, recientemente establecido pero, el hecho de estar en “pleno desarrollo” implicaba trabajo y, éste tal vez era demasiado para él. ¿Demasiadas actividades para alguien tan joven como él? Tal vez, pero aunque así lo fuera, nunca lo admitiría. Porque simplemente su personalidad no se lo permitía. Se decía así mismo que superaría todo con creces sin importar el esfuerzo,  demostraría ser un ejemplo de país, como siempre había querido serlo, demostrarle a cierto gallego que no sólo había hecho muy bien en independizarse sino que ya era lo suficientemente maduro como para convertirse en un gran país. Es así, como la joven nación daba cada uno de sus pasos, con un claro objetivo en mente y se decía así mismo: “Ya van a ver todos”.


Del otro lado del mundo la situación no parecía tan alentadora, juventud había, pero el clima reinante no era el mejor.
Principalmente en Italia, luego de su unificación *(2), el panorama era complejo, tanto económica como socialmente y esto no daba muchas oportunidades a algunos sectores de la población que buscaban trabajo para poder sobrevivir.
No es que quisieran, es que no tenían otras posibilidades. Irse… ¿irse?, para muchos la única solución. Hay momentos en la vida en la que deben tomarse decisiones difíciles, esta era una de ellas.
Siendo la mitad de un país y, estando recientemente unificado, todo era el doble de difícil. Había pasado demasiado tiempo alejado de su hermano como para tener que volver a separarse. Pero el otro, tan terco que era, ni siquiera tenía intenciones de escuchar mínimamente sus razones.

        Nos tenemos que ir, aunque sea, por ahora, nos tenemos que ir – decía el norteño
        No. No voy a abandonar mi casa cuando mi gente más me necesita. Es un no definitivo, entiéndelo de una vez estúpido fratello- argumentaba el sureño

Sugerencia y respuesta, siempre eran las mismas. Pero el tiempo pasaba y los problemas no se solucionaban, es más, iban en aumento.
Llegó un momento en el que Italia del norte enfermó, extraño caso, ya que solía ser el más saludable de los dos *(3). Fue una situación que obligó al hermano mayor a reflexionar y tomó una decisión que derivó finalmente en lo que su hermano le venía diciendo desde hacía ya algún tiempo.
Sus próximos pasos ya habían sido decididos, se irían de ese lugar, buscarían una solución, acompañarían a su gente y se asegurarían de que todo estuviera bien para luego poder volver y, ya maduros, solucionar todos los problemas que abrumaban su casa en esos momentos.

A la mañana siguiente se encontraban en el puerto de Génova, sentados desde temprano en un escalón de madera, delante de ellos yacía el mar en continuo movimiento por la entrada y salida de las olas. Tanto Romano como Veneciano se detenían mirando aquel espectáculo de personas que iban y venían, tumultos de familias enteras que subían a los barcos con cierto interés desesperante, por otra parte personas, lo más probable familiares de los que se iban, saludando tristemente, agitando sus pañuelos blancos en forma de despedida mientras sus lágrimas se deslizaban por sus mejillas, algunos lloraban en silencio otros demostraban su tristeza a los gritos, tratando de pronunciar promesas que tal vez nunca se cumplirían, a medida que los barcos zarpaban y se alejaban del puerto.

Corridas, amontonamientos, conversaciones, abrazos, gritos, llantos, de los que se iban y de los que se quedaban, todo, absolutamente todo, se podía contemplar en esa escena.

Dicen que las naciones se conforman de la gente que vive dentro de sus límites geográficos, o no,  en donde reina un sentido de común unión. Que los países se construyen a través de diversas creencias y costumbres, ideologías políticas y símbolos que reúnen un sentido patriótico, y que, tal vez por esta complejidad de elementos, los países llegan a ser tan diversos, los unos con los otros pero también dentro de ellos mismos.
Los Italia podían ver en cada una de esas personas ademanes que ellos también utilizaban, palabras que ellos también decían, sentimientos que ellos también experimentaban. Tristeza (de dejar su hogar), incertidumbre (de no saber lo que les espera), ansiedad…de llegar a un nuevo lugar.

De manera temblorosa, Veneciano se levantó de su lugar, se volvió hacia su hermano y le extendió su mano derecha

        Dai, un nuovo mondo ci attende *(4) - Le sonrío de manera afable, a lo que su hermano le respondió con un simple gruñido, levantándose con dificultad pero avanzando hacia uno de los barcos que estaba a punto de partir del muelle.


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Era particularmente difícil, ir a un lugar al que nunca habían ido, y del que lo poco que conocían era a través de lo que les habían hablado pero, iban con promesas de bienestar y trabajo y eso bastaba para seguir adelante.
Bajar del barco torpemente entre la marea de gente, aislarse del tumulto y tomar el papelito del bolsillo de su pantalón, un papelito que contenía la dirección a la que debían acudir una vez que pisaran el puerto de Buenos Aires, fue todo un malabarismo que Romano debió realizar. El español, que les había dado la dirección, había hablado maravillas de esa ciudad, una ciudad con “mucho futuro” y destinada para ser “grande” pero, de todos modos, Romano prefirió no creerle mucho a Antonio, ya que pensaba que al español siempre le gustaba endulzar las cosas y hacerlas parecer mejor de lo que realmente eran.
El problema residía en que a pesar de que el mayor no buscó ilusionarse del todo, el menor, Veneciano, parecía ansioso, era como un niño en una juguetería, miraba hacia todos lados, conversaba con uno, con otro…mejor dicho con una, con otra, preferentemente buscaba señoritas para establecer una conversación. Romano miraba a su hermano con resignación y Veneciano exponía su enorme sonrisa a todo el que se le cruzara en aquella pequeña callecita de Buenos Aires por la que transitaban.

        “Argentina”- dijo Romano casi imperceptiblemente.
Debajo de ese nombre había una dirección escrita. Veneciano, se asomó por detrás de su hombro, leyendo el nombre y la dirección lentamente, casi deletreándola. A lo que agregó;
        Me pregunto cómo será ella…-
        ¿Ella? ¿Por qué asumes que es “ella”? – dijo Romano un poco fastidioso sin quitar la vista del papel.
        Porque suena muy femenino, ¿No lo crees? . Es un bonito nombre.-
        Mmm…sí, puede ser.-
        Debe tener el cabello largo, y una dulce mirada, como la de Antonio.-  Mientras tanto, Veneciano seguía con sus divagaciones.
        No creo, ¿Antonio mirada dulce? Jaja  ¡No me hagas reír!. Si es como Antonio lo desconozco, él nunca me habló mucho de ella.-
        Tal vez sea muy femenina y le gusten las flores. ¡Sería mejor que compremos algunas! Es muy poco amable llegar a la casa de una señorita sin ni siquiera llevar un presente. ¡Las flores serían un buen regalo!-
        ¿De qué hablas? ¡Idiota! No tenemos ni para comer, ¿y tú pretendes comprar un ramo de flores? – contrarrestó Romano cansado de los comentarios de su hermano.
        Bueno fratello, sólo era una sugerencia, no te enojes- Respondió Veneciano compasivo.
        ¡Bah! Me siento realmente molesto, ¿por qué tenemos que estar mendigándole trabajo a otro país que ni siquiera conocemos? ¿por qué nos tenemos que alejar de nuestra casa, una vez que por fin hemos podido estar juntos?-
        Porque hicimos las cosas mal…o tal vez fueron nuestros jefes las que las hicieron mal o porque simplemente Dios lo quiso así…-
        Nosotros no hicimos nada malo- objetó Romano
        Lo sé, y tenemos que hacer lo mejor posible para revertir toda esta situación.-
        Como sea, creo que estamos cerca de la dirección que el bastardo nos dio.- dijo Romano mirando hacia las entradas de un par de casas que se encontraban a su derecha.
        ¡Mira! ¿No es allí? Aquella casa color crema- dijo Veneciano con muchos ánimos
        Veamos, parece ser…será mejor que nos acerquemos para ver si es la misma dirección que está escrita en este papel.
        Es la misma, finalmente llegamos.
        ¡Gracias a Dios! Ya me estaba desesperando,  esta casa queda demasiado lejos. Merda, me cansé de caminar desde el puerto.- mencionó Romano haciendo referencia a que ya estaba a punto de perder la paciencia (aunque no es como si tuviera demasiada).

Se trataba de una enorme casa que contenía dos niveles. Estaba en el límite entre la ciudad y el campo, ya que en aquella época Buenos Aires no abarcaba tanto territorio como en la actualidad. Su frente era extenso, para llegar hasta su entrada se debía atravesar primero una puerta de rejas y luego seguir un sendero hasta un par de escalones que terminaban en una pequeña galería antes de llegar a la puerta de entrada. Se podía percibir el ruido de varios animales que provenían de la parte trasera de la casa, los Italia pensaron que seguramente debían tener una pequeña quinta con animales y algunos cultivos. De tanto admirar el frente de la casa escucharon un sonido que venía precisamente de la puerta, debajo de la mencionada galería se encontraba una vaca que los miraba fijamente, como si estuviera custodiando la puerta.

Los Italia se acercaron cuidadosamente a la entrada, pero permanecieron sin subir los dos escalones que los separaba de semejante animal.
De pronto la vaca mugió, de manera no muy agradable y, Romano, con la poca paciencia que le quedaba, no fue mucho más amable tampoco;

        ¿Pero qué mierda hace esta vaca en el medio de la entrada?-
        Deberíamos moverla, sino no podremos tocar a la puerta.- agregó Veneciano
        Pero debe ser muy pesada, mejor le doy una patada de atrás, estos animales son muy tercos y hay que ser más rudos que ellos-
        Pero fratello, no creo que sea una buena idea…- Veneciano fue interrumpido por las palabras de su hermano
        ¡Cállate! ¿Quién es el que tiene más conocimiento del campo? *(5) - argumentó Romano
        Bueno, está bien, pero sigo pensando que no es una buena idea moverla a la fuerza…- dijo resignado Veneciano, que sabía que no iba a salir nada bueno de esa acción.
Es así, como, Romano se posicionó detrás de la vaca, mirándola fijo y Veneciano la sostuvo desde el cuello para que dejara de moverse, pero en cuanto Romano estuvo a punto de elevar su pierna derecha, alguien con un grito lo detuvo.
        ¿¡Qué están haciendo con mi vaca!? ¡Mi preciosa vaca! Salgan de ahí, ¡ladrones! ¡Fuiiiira! *(6)

Se trataba de un joven, más bajo que ellos, que gritaba y movía desesperadamente los brazos. Su cabello era castaño con algo de movimiento, sus ojos parecían azulados y su ropa daba a entender que era un muchacho de campo; sus pantalones –o lo que parecían serlo-  eran sueltos, sus botas parecían de montar, su pañuelo anudado a su cuello y su camisa arremangada, hacía ver que estaba trabajando o que venía de aquél.
Bueno, era entendible la desesperación del muchacho al ver la escena en general, dos extraños que tenían tomada a su vaca por lo extremos, nadie podría pensar nada bueno de tal espectáculo.
El primero que rompió el silencio fue Veneciano;

        Emm…yo… pido disculpas en nombre de mi hermano que intentó patear a tu vaca- dijo señalándolo a su hermano sin mala intención.
        ¿¡Qué intentó hacer qué…!?- La mirada del joven se desvió de manera brusca hacia el mayor
        Patearla… patear la maldita vaca que está en medio de la entrada, maldición, ¿¡es así como se reciben a las visitas en esta casa!?- mencionó Romano sin que pareciera que estaba cometiendo casi un delito.
        Suéltenla por Dios…y, ¿quiénes se suponen que son ustedes dos?
        Somos Italia del Norte y del Sur, llegamos aquí por recomendación de España- dijo Veneciano de forma amable y acercándose al muchacho.
        ¿Antonio? ¿El infeliz que nunca se hizo cargo de mí y me dejó solo cuando más lo necesitaba? ¡Ah, sí! Me acuerdo de él. ¿Y para qué vinieron?- las cosas parecieron empeorar luego de ese comentario.
        En busca de trabajo y comida…si es posible- Veneciano siguió con un tono conciliador tratando de apaciguar el momento.
        Espera un segundo – interrumpió Romano-¿y tú quién eres?
        Yo soy el dueño de la casa y una futura promesa mundial, mucho gusto, mi nombre es Argentina. – Les extendió su mano para que fuera estrechada pero ésta se quedó esperando…

Los Italia se miraron mutuamente y se quedaron sin palabras, es que bueno, en el camino hacia esa casa habían alimentado la ilusión de que tal vez ese mencionado nombre sea el de una señorita,  tal vez con cabello largo, tal vez con una amable sonrisa, o tal vez con… bueno, con todo lo que debe tener una bella señorita para unos jóvenes italianos que la esperaban con ansías pero, en vez de eso, frente a ellos se encontraba un…mocoso – es lo que había pensado precisamente romano- que parecía tener aires de grandeza mientras hablaba, ni siquiera era más alto que ellos y su ropa no daba a entender que fuera alguien que tenía mucho dinero (a pesar de ello, su apariencia engañaba ya que era un país muy prolífico en cuanto a ganancias).
El muchacho al no recibir respuesta alguna frunció el ceño y quitó su mano;

-Bueno, parece que además de darles alimentos voy a tener que educarlos un poco- sin duda, la no respuesta de parte de los dos extranjeros lo molestó un poco.
De pronto ocurrió algo que, tanto Argentina como Romano no se esperaban y es que Veneciano se abalanzó sobre el más joven y lo apretujó sobre su pecho;

        Tal vez no seas una bella señorita y no te hayamos caído del todo bien pero eres tan tierno cuando hablas, cuéntame más acerca de ti- dijo el norteño sonriente.

A Argentina le pareció extraña la confianza que poseía el italiano para acercarse de esa manera a alguien que acababa de conocer, incluso llegó a pensar que lo hacía para ganarse su confianza  rápidamente, aunque más tarde se dio cuenta de que simplemente así era la personalidad del italiano.
A Romano no pareció gustarle la idea, así que intentó separarlos rápidamente, ganándose una mirada, mezcla de resignación y tristeza de parte de su hermano menor.
Argentina miraba a ambos Italia, pensaba que ellos eran unos extranjeros realmente extraños, parecía que ni siquiera se ponían fácilmente de acuerdo entre ellos mismos. Romano aclaró su garganta y se volvió hacia Argentina;

        Bueno enano, en realidad estamos aquí  para ayudarte a poner en funcionamiento todo esto- mencionó alzando ambos brazos a la altura de su pecho.
A lo que el argento no dudó en responderle;
        No necesito ningún tipo de ayuda, puedo solo.
        Pero…entonces, ¿no nos dejarás quedarnos aquí?- dijo Veneciano
        No…esperen, ¿qué saben hacer?
        Bueno, sabemos hacer de todo un poco – la pregunta parecía ir dirigida a Veneciano, pero terminó respondiendo Romano- Lavar, limpiar,  trabajar en el campo, hacer negocios, tomar cosas prestadas, cocinar…
        Esperen, ¿saben cocinar?
        ¡Por supuesto que sabemos cocinar!, en el mundo nos conocen por nuestra afamada cocina
        Entonces los voy a poner a prueba-
Argentina sonreía maliciosamente y eso no inspiraba confianza alguna en los hermanos Italia que, después de tanto viaje, ya no sabían con lo que se podían encontrar.
        No puedo creer en lo que nos hemos metido- Mencionó Romano a su hermano por lo bajo para que el argentino no lo escuchara.


Los tres se sentaron en una extensa mesa que parecía ser para seis personas o más. Desde un extremo contrario al que se habían sentado los Italia, Argentina,  les comenzó a hablar con mucha energía:

        ¡Muy bien! La prueba que tenía pensada para ustedes y dado la hora que se ha hecho es: ¡Que me hagan el almuerzo!- Argentina remató la frase con una gran sonrisa es su rostro.
Los Italia parecían más confundidos que de costumbre, es decir, ¿esa era la prueba de fuego que tenían que pasar para poder quedarse allí? Sin duda, era mucho más fácil de lo que se habían imaginado.
Romano, creyendo que tal vez sería una posible trampa, se paró enseguida preguntando dónde estaban los ingredientes.
-Debajo de la mesada de la cocina está todo lo que necesitan- el muchacho no dejaba de sonreírles, señalándoles con el dedo índice el lugar al que aludía
-Bien, comenzaremos enseguida- dijo Veneciano decidido parándose del lugar de donde se encontraba sentado.

Al cabo de varios minutos, la mesa estaba totalmente preparada por los Italia que iban trayendo los platos de uno en uno para que fuesen degustados por el joven que parecía estar ansioso. La mesa, de punta en blanco, tenía un mantel con pequeños bordados azules y celestes en los bordes.
La comida preparada por los Italia parecía tener muy buen aspecto pero, aún así se sentía un poco de nerviosismo al pensar que su estadía dependía de un par de platos de comida. No dudaban de sus habilidades culinarias pero, es que esta situación era tan inesperada como todo lo que les había sucedido desde su llegada al puerto.
El ambiente podía cortarse con un cuchillo, realmente no sabían con qué les podía llegar a salir el “pequeño bastardo”  (como ya lo había apodado cariñosamente Romano para sus adentros), por lo tanto fueron precavidos. Mientras tanto, del otro lado de la mesa a Argentina se le iban encendiendo los ojos de manera paulatina al ir inspeccionando lo que había a lo largo de la mesa, sin duda alguna parecían ser buenos cocineros, pero aún faltaba lo más importante, la degustación.
Tomó un tenedor y lo hundió sobre los ravioles que se encontraban en el plato frente suyo,  se lo llevó a la boca y masticó un poco, pareció hacer una mueca de satisfacción, que alivió enormemente a los italianos y luego siguió…y cómo siguió.
Ese niño no comía, devoraba, según las palabras de Romano;  ¡parecía que no hubiese comido durante días!.  No dejó casi nada, sólo la mitad de un canelón que ya estaba frío.

        Vaya, parece que tenías hambre, se nota que estás en pleno crecimiento- añadió Veneciano que tampoco salía de su asombro, al igual que su hermano.
        Bueno, debo comunicarles –el muchacho hablaba con algunas migas en su rostro que aún no podía quitar- que han pasado la prueba, pueden quedarse todo lo que quieran, siempre y cuando me hagan la comida.
        Bien…supongo- Romano respondió aún horrorizado por la escena que acaba de ver, en verdad, eso fue una masacre de ravioles y canelones que volaban por todas partes.
Veneciano parado a su lado parecía olvidarse de tal escena y se le dibujó una sonrisa en el rostro, satisfecho de haber pasado dicha prueba.
        ¡Sí! Por fin las cosas nos han comenzado a salir bien, ve~- musitó aliviado.

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Aclaraciones:

* Constitución Nacional de 1853 y las “bases” de Juan Bautista Alberdi de 1852. Ambas alentaban la inmigración europea.
*2.  Unificación (o reunificación) italiana (1859-1871). Fue un proceso histórico que se desarrolló a lo largo del siglo XIX, en donde se unieron todos los territorios en los que se encontraba dividida la península itálica.
*3. Básicamente es un headcanon, en donde cuando un país se enferma, por ejemplo, levanta fiebre es porque tiene una crisis económica o está pasando por un mal momento económico. Italia del Norte siempre se destacó por ser más ‘rica’ que el Sur, por eso se dice que generalmente es más saludable.
*4. “Vamos, un nuevo mundo nos espera” (no sé si está bien escrito en el italiano…)
*5. Generalmente el sur de Italia está más asociada a la agricultura y a las actividades campestres.
*6.  ¡Fuiiira!= ¡Fuera! . Generalmente es una expresión se usa para espantar de un lugar a los animales (perros sobre todo)




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